Estoy a tan solo minutos de volver a verlo, de volver a
escucharlo aunque sus palabras sé que me van a herir y voy a terminar llorando,
de nuevo. Después de una semana y dos días de haber perdido el corazón, lo
siento de nuevo latir, fuertísimo, como si se me estuviera por salir. Me
transpiran las manos, tiemblo. Estoy más nerviosa que la primera vez que
salimos. No sé porqué me siento feliz si sé que es la última vez, si sé que es
la despedida, si sé lo que me va a decir. Y sobre todo, sé que se me viene otra
semana agobiante de llanto. Acabo de vomitar. No porque me haya vuelto bulímica
ni nada de eso. Sólo que cuando estoy muy nerviosa vomito. Es algo instintivo,
que me libera. Tengo frío. Transpiro. Estoy afiebrada. Todo eso genera él en
mi.
Sentada en la cama, leyendo un libro. “Chubasco” de Cielo
Latini. Esperando su mensaje que diga: “Ya estoy en casa”.
Suena el celular, lo agarro emocionada y es mi mamá que está
al tanto de la situación y me pregunta: “Y?” a lo que le respondo: “Todavía no
salió del labu”. Sigo leyendo. Bah, leyendo. Lo único que veo es una hoja con
letras y escucho a mi cabeza decir que tiene ganas de vomitar de nuevo. De
nuevo suena el celular. Lo agarro. Cierro los ojos. Abro la ventana de
notificaciones y no es él, es un pibe que ni me importa, que le corto el rostro
y sigue.
Sigo leyendo. Sí, digo leyendo aunque no logro concentrarme.
Decido cerrar el libro. Miro alrededor de mi habitación, miro mi celular. Nada.
Me toco la panza. Y empiezo a pensar qué le voy a decir, pero nada se me ocurre
porque lo voy a dejar hablar a él y voy a reaccionar conforme a su pretexto de:
“Siento que no es mi momento”. No sé con claridad cuál pueda llegar a ser mi
reacción, aunque siento que voy a llorar en bien vea su rostro. Como nada se me
ocurre, decido escribir lo que estoy sintiendo ahora.
Sé todos sus horarios, 15hs sale del trabajo. Son 15.37. Mi
estómago da vueltas. Mi cuerpo tiembla. Mi cabeza hace lo mismo que mi panza.
Cuando empecé esta nota estaba minutos de verlo. Ahora estoy
a media hora de haberlo visto. Ver su cara de nuevo, ver sus ojos, sentir su
perfume, su mano sobre la mía, por un lado me llenó pero por el otro pensaba
“es la última vez”. Es que era así.
Subí al auto como si fuese una de esas tantas veces que lo
hacíamos que íbamos a matear a la costa. Ya sentía el dolor en el pecho
pidiéndome expulsar las lágrimas, el mundo dándome vueltas. Lo escuchaba hablar
pero sus palabras no llegaban a mi cerebro para responder. Le conté mi trágica
semana, como mi mejor amiga, mi hermana de la vida se había borrado
completamente, desapareciendo, dejándome sola en el peor fin de semana de mi
vida. Mientras iba reproduciendo mis palabras, mis ojos se inundaban. Tragué
saliva y seguí hablando.
Llegamos a la costa, la de siempre. El mate de siempre. La
música de siempre. Pero ésta vez no era como siempre. Ésta vez iba a ser la
última. Y empezaron los mates, las charlas sin sentido, contarnos el sábado que
habíamos pasado, la semana. Todo. Y se hizo el silencio. Y dijo la primer palabra:
“No quería lastimarte” y siguió con un: “Extraño tu perfume”. No tuve otra
alternativa que decir la verdad. Lo extrañaba más que nada, nunca había
extrañado tanto. Nunca había dolido tanto. Y se lo dije. Como era de esperarse
la “leona” dejó su orgullo y brotaron las lágrimas por millón, pero cuando
soltas la primera lágrima sabes que no vas a poder parar, así fue. Un abrazo.
Sentir tu perfume (y siempre mi cabeza pensando: “Es el último”). Así seguimos
hablando de lo que sentíamos, de cómo nos sentíamos, de estos nueve maravillosos
meses. Su mano apretando la mía. Sin darme cuenta estábamos haciendo “la
vuelta” de siempre, rotonda, Galíndez. Y ahí estaba, en la puerta de mi casa
diciéndole: “Chau”. De la nada pasó, un beso. 3 minutos. Bajé. Cerré la puerta.
Llorando. Sin darme vuelta. Abrí la puerta de mi casa llorando. Terminé en el
piso llorando desconsolada, sola.
Cómo explicar lo que siento, no lo sé. No siento, creo que
eso lo resume. Solamente siento las lágrimas salir, un mar. Tomo agua y sigo
llorando ¿Cuánto tiempo más voy a estar así? Tampoco lo sé. A esta altura del
dolor ya no sé nada. Espero que se pase pronto.
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